Mi vida no es interesante, ¿o sí?

Dentro de unos años leeré esto y me reiré de mi misma.

viernes, 20 de enero de 2012

Y bueno...

Bueno, bueno, bueno. Madre mía! De esta vez sí que me he pasado tres pueblos y medio tardando tanto tiempo en escribir algo de mi vida, pero se me metieron las vacaciones de Navidad por ahí e inmediatamente después, los exámenes (sí, es lo que tiene ser universitaria...).


Pues bien, comencemos, que hay bastante que contar.


Durante la mayor parte de las vacaciones, mi vida fue bastante normalita (por no decir aburridilla). Los sábados (incluído fin de año) fueron un auténtico fiasco, pero viéndolo desde mi perspectiva actual, la culpa fue toda mía, porque mi mentalidad no me permitía pasármelo bien y dejar de pensar en algo que no tiene solución posible.


La cosa cambió el sábado siguiente a fin de año, porque L. y yo hablamos con la confianza de hacía unos meses e incluso me invitó a tomar algo. Esa noche fue de lo más curioso, ya que una "cosa" a la que se le nota que le gusta L. mucho, no paró de observarlo con detenimiento en toda la noche. Él hizo como si ella no existiera, e incluso aprecié que intentaba "esconderse" de sus miradas. Craso error, porque el siguiente sábado todo cambió y la ignorada fui yo. En el momento en el que los vi, algo malo surgió dentro de mis más profundos adentros, teniendo que recurrir a irme del pub para que no se me notara el cabreo que tenía encima en esos momentos.


Después de ese amargo trago, mi cara ya no era la misma de siempre (sí, hubo gente que me conoce que me lo notó) pero lo peor aún estaba por llegar. Pasé toda la noche con una amiga de la que creo que nunca he hablado en este blog y a la que siempre he prestado mi apoyo. Y os preguntaréis: ¿qué tiene que ver esta chica con los chicos de los que nos habla día sí y día también? Pues mucho, más de lo que os podéis imaginar. Ella es la hermana pequeña del sujeto del que hablaba en mi anterior entrada (el que sin venir a cuento me había dejado de hablar). No sé si lo había comentado, pero él se pasa los sábados bebiendo hasta que pierde el norte (y el resto de puntos cardinales), algo que hace que sin venir a cuento, se meta e insulte a todo el mundo que se cruza por la calle. Hasta ese sábado, nunca me había afectado lo más mínimo que insultara a todo Dios (teniendo en cuenta que siempre lo hacía con chicos que se podían defender por si solos) pero hubo un punto de inflexión: el momento en el que empujó a SU PROPIA HERMANA! Ni lo entendí en ese momento, ni lo entiendo hoy, casi una semana después. La pobre chica rompió a llorar desconsoladamente (no era para menos) y comencé a sentir un odio inhumano hacia él. Dejé de pensar el la "cosa" que observaba a L. y comencé a intentar animar a mi vecina/amiga. Nunca la había visto tan mal. Hasta temblaba. Al final, entre yo y un grupo de amigos de verdad, conseguimos que se tranquilizara.


Y bueno, para terminar esta entrada, os cuento algo sobre mí: el amor (por llamarlo así) que sentí algún día por L. toca a su fin. Me he percatado de que no merece la pena que una persona tan joven como yo se pase día y noche pensando en algo que no va a pasar ya nunca más. 


Pues nada, esto es todo por ahora. Espero que mi próxima entrada no tarde en llegar tanto como esta! jajaja


Saludos!!!

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